Esta mañana un amigo me puso en whatsapp: "nene te he dejado algo en mi facebook." y mi sorpresa es cuando leo esto:
Si tienen mucha prisa no lean estas palabras, probablemente a pocos pueden interesar.
Como ocurre con la mayor parte de las cosas importantes de la vida, casualmente una noche mi camino se cruzó con el de otra persona. De eso hace ya casi 6 años. No tardó en forjarse una importante y solida amistad, anclada precisamente en lo diferente de nuestras personalidades y en las similitudes de nuestra forma de entender el mundo.
Fuiste y eres amigo, confidente, apoyo y diversión. Cuando por avatares del destino ocurre esto, uno acaba reflexionando sobre la impronta que pueden llegar a dejar otros seres humanos en nuestra propia naturaleza, y sobre el verdadero significado y sentido de la palabra amistad. Puedo, debo y quiero decir que tú, Pedro, eres una de las personas que provoca en mí este tipo de reflexión. Una parte de ese reducto tan escaso que a uno le hace pensar, “joder qué difícil es llegar a tener un amigo de verdad”, pero también uno de esos que luego provoca en ti una sonrisa cuando llegas a la conclusión de que, con unos poquitos como tú, ¿para qué más?
Por suerte o por desgracia, esta yincana a la que llamamos “vida” te va convenciendo de que esto ha sido, es y será siempre así. Te implicas sin allanar mi intimidad, apoyas sin ser excesivo, escuchas sin juzgar, expresas sin herir y, en definitiva, haces parte de tu vida aquello que para bien o para mal galopa dentro de la mía, siempre con un profundo y gratificante respeto.
No sé si lo haces premeditadamente o de forma involuntaria, pero hay algo en ti que siempre he recibido como una bocanada de energía: siempre estás sonriendo y haciendo que los demás sonrían. Me da la impresión de que a menudo lo haces por los dos, para prestarme un poco todas esas sonrisas que a mí tanto me faltan.
¿Quién nos iba a decir que en esta “yincana” acabaríamos uniéndonos aún más? Y uniéndonos por algo que siempre ha sellado las relaciones humanas: el dolor. Nos guste o no, la mayor parte de las conclusiones de la vida se extraen en momentos difíciles. Más adelante, los momentos venideros de felicidad las matizarán y le acabarán dando el matiz que las torna llevaderas.
Tengo grabados en la mente muchos días de dolor, y en muchos de ellos estabas tú. No voy a extenderme en este aspecto, pues lo verdaderamente importante es que ahora sepas lo cerca que estamos, más que nunca, y no me refiero precisamente a la distancia física. Ahora, la vida ha decidido golpearte a ti, pero yo he decidido ayudarte a amortiguar los golpes, a llevar la carga y a nutrirme de tu felicidad venidera. Tengamos fe en que así será. Estás demostrando ser fuerte, generoso y humilde. Estás dando una vez más motivos a ELLA para que se sienta orgullosa de ti hasta quedar desbordada. Estás teniendo esperanzas de futuro pero más difícil aún, estás siendo capaz de hacer algo que yo aún no he terminado de lograr: estás perdonando a la vida por lo que te ha hecho. Estás extrañando, pero con calma y serenidad. Estás tomando cada ápice de aspectos positivos que puedas rascar de esta situación y los estás uniendo todos entre sí hasta formar una armadura que te envuelve. Ahora los golpes son duros, y puede que esa armadura no resista todas las embestidas, pero te puedo asegurar que donde podría haber sangre tendrás moratones.
Mereces que me exceda bastante más para alabar tu actitud, pero tanto tú como yo sabemos que esto es suficiente, que no hace falta más. Ahora nuestra sensibilidad puede pender de un hilo en cualquier momento, y tampoco quiero hacerte pasar un mal rato, ni hacérmelo pasar a mí. Créeme, no es fácil hablarte de esto así ahora, pero al mismo tiempo resulta gratificante. Resulta necesario.
Hoy por hoy estoy seguro de muy poquitas cosas, pero ¿sabes algo de lo que estoy completamente seguro? De que esta noche ELLAS se están dando un abrazo allí arriba, felicitándose la una a la otra por los hijos que tienen…
No nos queda más remedio que llegar a ser muy grandes, pues son inmensas las raíces de nuestra sangre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario